Asómate y aprecia el valor de cuanto sucede en un aula de Infantil. Un grupo de niños y niñas que abren sus ojos al mundo; y un mundo que los acoge y se enriquece.
Como final de nuestro proyecto de ciencia en el aula, participamos en la Feria de la ciencia; un lugar donde pudemos mostrar todo lo que hemos descubierto en este tiempo, a un público de lo más variado.
Se nos acercaron personas mayores, niños de nuestra edad, adolescentes, adultos, grupos escolares; a todos ellos, pudimos explicarles algunos de los experimentos que hemos hecho en estos meses.
Una forma de dar importancia a todo lo que ocurre en nuestro aula, una manera de sentirnos importantes y válidos.
Contando con la ayuda de las personas que nos rodean, podemos conseguir que en el aula, sucedan cosas tan interesantes y tan llamativas para nuestros niños y niñas, como hacer jabón casero de lavanda. María del Mar, una madre de nuestro colegio, nos visitó para explicarnos que a través de un proceso muy rico, podemos conseguir crear jabones con diferentes olores; todos atentos, veíamos cómo se iban ligando los ingredientes y pasados unos días, cómo todo aquello se convirtió en un jabón sólido que pudimos llevarnos a casa. Recordad que no podemos usarlo hasta el día 10 de Mayo, pues aún no reúne todas las propiedades que lo harán perfecto para nuestra piel.
Y además de jabón casero, también hemos hecho en clase cremas naturales a base de productos muy sencillos como huevo, aceite, patata, avellanas o aguacate. Los familiares nos fueron explicando cómo teníamos que hacerlo, y el resultado, fueron una crema para el cutis, otra para el cuerpo, otra para las manos y otra para los pies. Ya terminadas, pudimos probarlas en la piel de algunos de nosotros y según ellos "daba una sensación rica". ¡Probadlas en casa!
¿Quieres descubrir una forma diferente de pintar? Utiliza leche, colorante alimentario, bastoncillos para los oídos y jabón. La tensión superficial de la leche y el efecto del jabón en sus grasas permiten formar dibujos increíbles; ¡probadlo en casa!
En ocasiones, nos enfrentamos a conceptos complicados de entender; son realidades que tenemos al alcance de la mano, pero que nunca nos hemos parado a apreciar con atención. Este es el caso de la tensión superficial del agua; por su dificultad, intentamos dotar a los niños y niñas de experiencias para que puedan percibirla y vayan creándose una idea sobre ella.
Al acercarles a este concepto, surgen otros temas de conversación que tienen mucho que ver, como son la flotabilidad de algunos objetos, la resistencia de otros y la reacción de éstos ante su exposición al agua.
Al introducir el jabón en toda esta temática, apreciamos su poder para "romper" esta tensión.
Seguimos formulando hipótesis, comprobándolas en el momento, apreciando su puesta en práctica y sacando conclusiones.
Para "ver" mejor la tensión superficial del agua y apreciar cómo el jabón puede llegar a "romperla", podemos usar algunas de las ideas que os ofrecemos en los experimentos que hemos hecho en clase; animad a nuestros niños y niñas para que os expliquen cómo se llevan a cabo.
Cada vez, le estamos dando más importancia a la creación de hipótesis por parte de los niños y niñas, en las sesiones de experimentos. Dedicamos un primer momento a construir ideas, a ofrecer posibilidades, y a llevarlas a la práctica, con la intención de descubrir si estamos o no en lo cierto. Entre todos, vamos viendo los errores y somos capaces de dar otras opciones.
En los experimentos de estas últimas semanas, hemos hablado, por un lado, del color de las pompas; comenzamos a hacerlas, y los colores que nos venían a la cabeza eran muchos, pues en ellas, veíamos reflejos que nos recordaban al rosa, azul, amarillo, naranja, verde, lila,...
Sin embargo, cuando comparábamos el color de la pompa con dichos colores, nos dábamos cuenta de que algo fallaba; para Ángela, el color de las pompas era "blanco clarito" y para que lo entendiésemos, nos dio algunos ejemplos que tenían el mismo color que las pompas: el cristal de la ventana, el agua, la botella de plástico, la funda de los folios. Todos nos dimos cuenta de que tenía razón, y todos aquellos objetos tenían el mismo color que las pompas.
Pero, ¿habría alguna forma de conseguir pompas de diferentes colores?; se nos ocurrió pintar el agua y probamos con un rotulador. Viendo que no funcionaba, decidimos usar pintura, y pudimos apreciar cómo el agua se convertía en un líquido azul, negro, verde,...; con este cambio, todos esperábamos pompas de colores, pero.... ¡Las pompas siempre son transparentes! Os animamos a que en casa probéis con cualquier color.
Por otro lado, hablamos de la forma que tienen las pompas; hemos usado muchos materiales para hacerlas, y siempre, hemos conseguido pompas redondas. De hecho, ya reconocemos dicha forma en otros cuerpos, como una pelota, una cabeza o algunos gusanitos. Pero, ¿habría alguna forma de conseguir pompas con otras formas? Esta vez, para hacer hipótesis, tuvimos una ayuda; debíamos construir un "aparato" utilizando cañitas y hilo de algodón. Todos los que tuvieron ideas, fueron ejecutándolas y comprobando después, si conseguían hacer pompas diferentes; como el tema era algo complejo, vimos el instrumento, ya creado, y tuvimos que construir uno igual.
Una vez que lo tuvimos, preparamos el agua con jabón y descubrimos la técnica; ¡menudas pompas! Fue increíble; ¡probadlo en casa!
Ahora que ya sabemos cómo se forman las pompas y la multitud de formas que tenemos para crearlas, queremos seguir profundizando sobre cómo influir en ellas y conseguir los resultados que esperamos.
¿Os habéis preguntado alguna vez cómo podríamos hacer pompas más fuertes, que no se rompiesen tan fácilmente? Se nos han ocurrido muchas formas, pero conforme hemos ido probando, veíamos que no conseguíamos lo que queríamos; una fórmula sencilla nos permitió crear pompas más duraderas en el tiempo y más flexibles, que al chocar con algún objeto, son capaces de recuperar su forma y no romperse.
Probad en casa: usamos dos vasos de agua destilada, uno de detergente de lavavajillas, una cucharadita de azúcar y una cucharada sopera de glicerina. Con dicha mezcla, usamos un pompero, y descubrimos que podemos atrapar las pompas sin que se nos rompan. ¡Probad en casa! El azúcar espesa la disolución y la glicerina ralentiza la evaporación del agua.
Pero, ¿os imagináis si pudiésemos meter algo dentro de una pompa sin que ésta se rompiese? Sabemos el tamaño que tienen las pompas que podemos hacer con el pompero o la cañita, y empezamos a pensar en qué cosas cabrían y cuáles no. Pero nos surgen dudas, pues una pompa no tiene agujero, y para meter algo dentro de otro algo, necesitamos uno. Volvemos a crear la mezcla que ya conocemos y que consigue pompas más fuertes; usamos una cañita y una superficie húmeda; con la cañita, creamos una pompa sobre la mesa y somos capaces de introducir la cañita dentro, volver a soplar y formar una nueva pompa. ¡Guau!
Descubrimos que, pasados unos instantes, la pompa interior consigue salir y se queda pegada a la exterior. Si probáis en casa, seguro que conseguís descubrir más cosas. ¡Animaros!
Ahora que ya sabemos qué ocurre cuando mezclamos agua y jabón, ¿sabéis cuántas formas de hacer pompas hay?. Miles y miles.
Comenzamos hablando de los elementos que son necesarios e imprescindibles para conseguir una pompa: agua, jabón y aire. Vamos más allá, y nos damos cuenta de que el aire podemos proporcionarlo con nuestra boca, soplando despacio, porque si lo hacemos rápido, la pompa explotará; pero sólo con nuestra boca, no es suficiente. Hablamos de un instrumento, lo describimos, casi todos lo conocemos, pero no somos capaces de ponerle nombre. Cuando la seño lo enseña, lo reconocemos; es un pompero. Vamos viendo sus partes e intentamos analizar qué cualidades son fundamentales para conseguir pompas y cuáles son secundarias. Ahora, pensamos en objetos cotidianos con los que poder hacer pompas, y si los tenemos en clase, lo comprobamos; vamos viendo que no siempre acertamos, pues algunos objetos como el tenedor, no nos ayudan a formar pompas.
Disfrutamos mucho, no sólo creando pompas, sino también explotándolas y apreciando su fragilidad.
En casa, podemos seguir buscando materiales con los que hacer pompas; ¡seguro que encontramos alguno nuevo!
Seguimos descubriendo todo lo que tiene que ver con el jabón y la espuma, y en estas últimas sesiones del trimestre, hemos tratado de jugar con la espuma, tratando de hacer que creciese.
Para el primer experimento, construimos un dragón con una botella y haciendo una mezcla explosiva, conseguimos que echase espuma por la boca. Probad en casa, usando vinagre, jabón y bicarbonato, ¡es increíble!
Pero, ¿y si quisiésemos controlar la cantidad de espuma y ser nosotros los que decidiésemos cuánta queremos hacer?, ?cómo podríamos estirar la espuma todo lo que quisiéramos?; tras descubrir que se nos escapaba entre los dedos, creamos muchas hipótesis que tenían que ver con "poner" más aire en la espuma conseguida para que así, ésta aumentase: ponerles aires soplando, abriendo las ventanas, sacando el aire de un globo y echándoselo, construyendo un tubo con un papel,..
Fuimos probando, y viendo que no conseguíamos nuestro propósito; ¿queréis saber cómo lo hicimos? Usad la parte de arriba de una botella de plástico, pegadle un trozo de tela y ajustarla con fiso; mojad la tela en agua con jabón y soplad por la boquilla de la botella. ¡Conseguimos crear una serpiente de espuma tan larga como queramos!
Nuestras hipótesis cada vez son más coherentes; usamos todo lo que ya sabemos y después, vamos comprobando. No importa tanto llegar a la respuesta correcta, pues todo es válido y nos proporciona experiencia.
Ángel Montaño: se van los bichitos que tiene el jabón.
Carmen: se va el aceite.
Blanca: el agua mata al jabón.
Ángel Minuesa: el jabón no se quita con agua.
Ainhoa: echamos jabón, lo removemos con una cuchara y el jabón se va.
Marcelo: no, se va el agua.
En nuestras sesiones de experimentos, es muy importante el momento de formulación de hipótesis; buscamos que los niños y niñas utilicen su bagaje de experiencias y conocimientos, así como su capacidad de lógica, para crear ideas, que después comprobaremos.
Tras hablar de qué pasaría en este supuesto, comprobamos que aparecía algo tan apetecible como la espuma; pudimos tocarla, olerla, vimos que no pesaba, que se escapaba por nuestros dedos, que desaparecía si no se removía el agua. Comprobamos cuánta espuma conseguíamos con diferentes jabones y ¿sabéis cuál conseguía más? ¡Comprobadlo en casa!
Ahora que ya estamos familiarizados con el jabón, nos preguntamos para qué sirve, cuál es su utilidad; tenemos claro que sirve para lavar cosas sucias y ponerlas limpias. Pero, ¿qué cosas pueden manchar algo limpio?:
Ángel Montaño: los chinos del parque.
Ángela: el tomate.
Marcelo: el barro.
Ángel Minuesa: la arena.
Blanca: las piedras.
Carmen: la tierra.
Mar: la caca.
Carmen: y cuando vomitas.
Ainhoa: las flores que están sucias.
Ángel Montaño: están sucias por abajo, porque tienen tierra.
Marcelo: el agua.
Sergio: la cerveza.
Ainhoa: la fanta.
Ángel Montaño: un charco con barro.
Y hablando de manchas, escuchamos que hay una que es difícil de quitar, muuuuy difícil; es la mancha de aceite. Para ver lo fuerte que es dicha mancha, cogemos un recipiente transparente lleno de agua y echamos aceite; a veces, solamente con agua, las manchas se van, pero en el caso del aceite no es así. La mancha persiste en la superficie del agua; vemos su densidad, las burbujitas que forma, y aunque intentamos disolverla mezclando el agua con el aceite usando una cuchara, el aceite vuelve a la superficie, la mancha sigue ahí.
Pero, ¿y si usamos jabón? Echamos al recipiente unas gotitas de jabón y removemos con una cuchara; la mancha de aceite desaparece, formándose una mezcla turbia entre el agua, el aceite y el jabón. ¡El jabón lo ha conseguido!
El jabón es capaz de conseguir que las manchas se mezclen con el agua gracias a las moléculas que lo forman; las manchas son arrastradas por el agua, y lo que estamos lavando, ¡vuelve a estar brillante!
A lo largo de este curso, nuestro taller de ciencia va a estar dirigido a descubrir el jabón de una manera exhaustiva y científica; pero antes de comenzar a profundizar, se hace importante familiarizarnos con el jabón, tocarlo, olerlo, mirarlo. Por eso, en estos días, hemos tenido nuestra primera toma de contacto con diferentes productos de nuestra vida diaria que tienen que ver con el jabón, pues, como bien hemos acordado "el jabón sirve para limpiar".
Comenzamos con los jabones que tienen que ver con nuestra higiene corporal: gel, champú, jabón de manos líquido y sólido. Los comparamos, viendo en qué son iguales y en qué diferentes; los olemos, experimentamos con ellos, viendo cómo conseguimos espuma si frotamos fuerte; apreciamos sus texturas, diferentes entre unos y otros; y nos detenemos a apreciar algo que diariamente tenemos a mano, pero que nunca lo tocamos con tanto interés.
Seguimos con otros jabones; es importante mirar los formatos, pues con ellos, podemos conocer para qué sirven. Cuando los vemos por primera vez, nos suena de verlos en casa, pero no tenemos muy clara su utilidad; miramos detenidamente las cajas, las bolsas donde vienen; con las imágenes que encontramos, descubrimos qué jabones son para la ropa, cuáles para los platos, los cubiertos, los vasos,... Tenemos oportunidad también de tocar estos jabones, olerlos, explorarlos.
Todos son jabones, diferentes entre ellos por su utilidad y por su formato; estamos descubriéndolos y seguro que a partir de ahora, prestaremos mucha más atención cada vez que veamos alguno.
Estamos y vamos a hacer, ciencia en el aula a través de algo tan cercano y llamativo a la vez, como el jabón. ¿Te apuntas con nosotros?